Soneto al cigarro

Las cinco ya eran y yo todavíaCigarro
cigarro del día aún ni el primero
volviéndome loco yo escribía
pues llenar no podía el cenicero.

Del cielo entonces volando venía
detrás de si dejando el humero
un cigarro mi esposa traía
Fumando con gusto y esmero.

Y qué sublime que fue aquél cigarro
más sublime que cualquier otra vez
Más mi esposa me dio con el jarro

Me dijo gritando ¿Acaso no ves?
Entendí lo sublime de aquél cigarro
Lo estaba fumando con filtro al revés.

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