Reloj cucú descubre que está desafinado

reloj cucúEran las seis de la mañana cuando, al igual que en cada amanecer, Pío Lavoe apareció entre las puertas de su pequeña casa para anunciar con su canto la llegada del nuevo día, no obstante, tras años de los encomiables servicios del pequeño pajarito, hoy, al cantar las seis, se percató de que estaba desafinado.

“¡No puedo creerlo! ¡Se me va la vida!”, dijo el cucú que desde hace años habita en la sala de la familia Velásquez. “¡Yo que era el orgullo de la familia! ¡Yo que lo mismo daba las ocho que las doce! ¡Yo que me sé las horas en 17 idiomas! ¡¿Qué será de mi?!”, exclamó mientras cabizbajo cerraba tras de sí las puertas de su casa.

Sin embargo, demostrando una inquebrantable convicción, durante el transcurso del día fue esforzándose por afinar. Las siete, por desgracia, fueron malas. Las once fueron pésimas. Pasado el meridiano las dos espantaron, las cinco generaron escalofrío en la casa y las ocho escandalizaron a los Velásquez, pues creyeron que alguien en el barrio moría quejándose de dolor.

Las nueve eran su última oportunidad, por eso, el Cucú salió con ímpetu y justo al marcar las nueve cantó cuánto pudo. Alaridos tan, pero tan chuecos, que fue difícil distinguir el nueve de un seis, por lo que los Velásquez, de afinado oído musical, vieron a Pío Lavoe entrar por última vez entre las puertas de su pequeña casa colgada sobre la pared, mientras nostálgicos pensaban, “Al cucú le llegó su hora”.

por Gocho Zam

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