Carta a Nicolás Maduro

Maduro grande

Querido Presidente de Venezuela:

                He escuchado atentamente sus constantes llamados de paz a toda la sociedad venezolana, lo cual me parece un claro y coherente paso dentro del discurso de la revolución bolivariana. La paz, desde siempre, ha estado presente en su accionar político, ya que es un gobernante raPAZ e incaPAZ, al igual que todo su colorido (o colorado) movimiento político.

                Me alegro cada vez que lo escucho hablar de lo mucho que ama a la patria. Ese amor por la tierra que lo vio nacer se ve reflejado en la incontenible voracidad de su apetito por los recursos que la tierra venezolana le brinda: petróleo, gas, oro, hierro, coltán; en fin, todo un festín patriótico que lo ha hecho aumentar de peso a usted, y a buena parte de su movimiento, durante estos diecisiete años de revolución.

                Admiro la dignidad y entereza con la cual asume cada uno de los problemas del país, pues cada vez que algún conflicto salta a la palestra pública, su largo y firme brazo no ha descansado un segundo en señalar a los frívolos y oscuros conspiradores que pretenden acabar con la suprema belleza encarnada en los líderes de la revolución. ¡Eso sí! Mantenga el brazo en alto, firme, señalando a los culpables, quizá un día de estos, cuando se encuentre de frente apuntando hacia un espejo, consiga a uno de los principales.

                 No obstante, a pesar de todas estas virtudes, sin duda creo que sus políticas más eficientes han sido las de asegurar la alimentación, salud y seguridad de los venezolanos. Tan eficientes han sido estas políticas que, en vez de importar medicinas o materias primas para producir alimentos, se exportan venezolanos para que puedan conseguir los alimentos y las medicinas en muchas otras partes del mundo. Una decisión salomónica que habla de la talla de estadista que es usted, (de la talla de su camisa mejor no hablemos porque se nos acaba la tela).

                Por último, pero no menos importante, no puedo dejar de mencionar la luminosa vitalidad de su verbo. Cada vez que habla, lo cual hace bastante seguido, un mundo de conocimiento se revela ante mí. Su ductilidad en la palabra me hace comprender cada vez más la profunda raíz filosófica del hermoso proceso revolucionario iniciado por el comandante supremo, eterno, galáctico, inmortal, supercalifragilísticoespiralidoso, Hugo Chávez.

                ¡Siga así querido presidente! Sosteniendo a fuerza y coraje el bellísimo proceso revolucionario. Siga trabajando día a día junto a sus camaradas (uniformados y sin uniforme), para alcanzar la consolidación de la suprema felicidad de la sociedad venezolana. No descanse, no desfallezca, no se rinda, que si por alguna situación sobrevenida, la guerra civil se apodera finalmente del país, como usted sabiamente lo dijo en su momento, no deberemos preocuparnos por la vida de nadie pues: “Dios proveerá”.

                ¡Imbécil!

 por Gocho Zam

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