Carta a Batman (de Robin)

batman y robin

No tienes idea de lo difícil que ha sido escribir esta carta. Llevo horas frente al teclado buscando una forma correcta de comenzar a decirte lo que debo decirte, no obstante, cada vez que comienzo, arrepentido borro todo para iniciar de nuevo. La triste realidad de nuestra relación socava mi capacidad literaria; sin embargo, después de mucho meditarlo, he llegado a la conclusión de que la forma más sencilla de decir lo que tengo que decir es simplemente diciéndolo, por eso, aquí va: Batman, ya no te amo.

Antes de que pienses que todos estos años fueron un engaño, debo recalcarte la profunda sinceridad de mi amor en esos bellos momentos: aquellas noches en el batimovil, los espacios ocultos de la baticueva donde nos escondíamos de Alfred, la cama de la mansión Díaz a la cual me atabas con tu baticinturón, y por supuesto, tu gran, enorme, inmenso y suculento bati-bati. Para todos esos recuerdos tengo un lugar especial en mi corazón.

Por desgracia los años pasaron, y con ellos, la emoción y pasión del principio se fueron desvaneciendo. La baticueva ya no era nuestro oculto nido de amor, sino el espacio lleno de máquinas y computadoras a las cuales dabas mayor importancia que a mí. El batimovil lo diseñabas cada vez más pequeño, al punto que en su última versión, ni siquiera los dos entrábamos en él. Cada semana rompías un nuevo baticinturón, pues tu creciente y prominente barriga cada vez lo presionaba más… Y así, de a poco, fue que se perdió la magia.

Para cuando leas esta carta seguramente me habré ido. He encontrado la pasión y la alegría en los brazos de otra persona. Él es totalmente opuesto a ti. Siempre ríe, siempre está alegre, siempre hace bromas, guasadas; en fin, es un guasón, y ahora alegra mis días. Mi vida se ha renovado. La lúgubre mansión Díaz la cambié por los colores del mundo entero, por la sonrisa de su cara y por el alba en el horizonte. Con él he vuelto a ser feliz.

No te cuento esto para mortificarte, porque sé que hace mucho mi vida te tiene sin cuidado. Te cuento esto para que te enteres por mi propia boca, y no como me tocó a mí descubrir tus infidelidades, con prendas de ropa de otras personas escondidas en el cuarto. Aún recuerdo el día en que encontré el látigo de gatúbela colgado del techo. Tú argumentaste que sólo practicaban una nueva forma de entrar en la escena del crimen. Yo callé para no agrandar el problema, pero las marcas del látigo sobre tu espalda eran suficiente prueba.

Ya me despido. Ojalá, con mi partida, descubras que nadie te amó como yo; pero ahora debo partir, pensar en mí, crecer, enfrentar al mundo, y con suerte, ser feliz. ¡Hasta nunca Batman!

Atte.
Robin, el chico maravilla

por Gocho Zam

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